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La versión más extendida habla de un soldado que, durante uno de los muchos asaltos que Madrid sufrió durante la edad media, se adelanto al resto de las tropas y comenzó a trepar por la muralla, clavando la daga entre las junturas de la piedra. Subió tan ágilmente que todos empezaron a decir que parecía un gato. Cuando comenzó la lucha el soldado ya había llegado arriba. Corrió al torreón de la fortaleza y cambió la bandera.
En memoria de esta hazaña, el soldado y toda su familia cambiaron su apellido por el de “Gato”. La familia llegó a ser tan estimada que no se consideraba nobleza castiza de Madrid a la que no pertenecía a aquel linaje (o al de Los Escarabajos y Los Muertos, que eran los tres más ilustres de la Villa). Con el tiempo, se acabó llamando “gatos” a todos los habitantes de Madrid. Hay otras muchas versiones, como podréis suponer. Otra habla de que los que llegaban a la muralla y no podían pasar, acampaban en las afueras y por la noche trepaban la muralla como auténticos gatos. Otra dice que había muros y se cobraba una especie de tasa o peaje por entrar a la ciudad, por lo que los más hábiles saltaban el muro. Entrado el siglo XVII , las gentes de los barrios castizos de Madrid utilizaban para autodenominarse gatos, en los ambientes más chulescos, debido a la vida nocturna de la capital famosa por sus tabernas a las cuales llegaban los mejores vinos de toda la comarca, aparte de los mejores nombres de la literatura, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, etc. los cuales tenían fama de juerguistas y pendencieros y conocía bien a todos los gatos de la noche madrileña. También Madrid ha sido tierra de estos felinos, por toda la zona del barrio de los Austrias, los tejados a mas de 20 metros de altura era un buen hogar para estos animales, se decía en Madrid las ratas no entran, los gatos las matan.
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